MALAS IDEAS
A los quince años me convertí en Lua. Así entré en el mundo del graffiti, en las calles de Barcelona de principios de los 2000, buscando una forma de existir que mi entorno no me daba. Veinte años después, volví a ese tiempo para entender qué había pasado realmente. El resultado es Malas ideas: un libro que combina autobiografía, entrevistas con otros protagonistas de la escena y ensayo para contar una cultura que rara vez se cuenta desde dentro. El libro parte de una idea de Paul Ricœur: que solo nos entendemos a nosotros mismos mediante rodeos. Por eso no avanza en línea recta, ni pude elegir un género sin sentir que faltaba algo. La distancia de estos veinte años no es nostalgia, es lo que me permite ver lo que yo adolescente no podía nombrar. El graffiti tiene mala prensa. Los medios especializados lo han vuelto críptico y el público general lleva años comprando la misma narrativa: es ilegal, cuesta dinero, está mal. Malas ideas está en esa intersección, sin romantizar ni co...





